Artículo de Naima El Akil | Periodista y Licenciada en Derecho

“Tenéis en el Mensajero de Dios un bello ejemplo”

Me considero una mujer feminista, defensora de los derechos de la mujer, de la igualdad y la justicia, y contraria a todo tipo de atentados contra nuestra libertad en todos los ámbitos de la vida.

“Tenéis en el Mensajero de Dios un bello ejemplo”

Estoy indignada por la cosificación del cuerpo de la mujer, indignada por el hecho de que los hombres, por supuesto no todos, pero lamentablemente demasiados, se otorguen un derecho que no tienen sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas verbalmente o físicamente llegando incluso al abuso sexual. Me alegra ser testigo de los cambios que estamos experimentando; la sociedad está tomando consciencia, las mujeres se están despertando y rebelando,  uniéndose para superar el estigma y atreviéndose a decir #Metoo, #Yotambién

He aplaudido cada #Metoo, de personas conocidas y también de aquellas que no lo son tanto. Mejor dicho, aplaudí cada #Metoo, hasta que me encontré con este titular: “Las musulmanas denuncian acoso sexual en el peregrinaje a La Meca”. Al principio me negué a leer el artículo, me intenté convencer a mí misma de que no era posible, de que era otro ataque islamófobo, de que era otro bulo para ensuciar la imagen del islam. Me esforcé por negarlo al máximo, pasaron días sin que leyese ningún artículo sobre el tema, tratando de autoconvencerme de la pérdida de tiempo que supondría leer lo que yo consideraba una mentira.

Es hora de añadir, que soy musulmana, muy orgullosa de serlo. Que creo firmemente que mi religión, el Islam, conforma el sistema de valores, ideales, normas, derechos y deberes más perfecto que jamás haya existido. Porque si pensase que hay otro mejor, no sería musulmana. Estoy plenamente convencida de que la lucha por la justicia igualitaria de las mujeres está en el Islam. Dios (Alabado Sea) nos dice:

“¡Oh, seres humanos! Tened conciencia de vuestro Señor, Quien los ha creado de un solo ser” (Corán 4.2) y también “Dios os ordena… que cuando juzguéis entre las personas lo hagáis con justicia” (Corán 4.58). Igualdad y justicia son, precisamente, los valores cuya aplicación es imprescindible para llevarnos a un mundo mejor, en el que no haya oprimidos y opresores o “sexo débil” y “sexo fuerte”. 

Las musulmanas denuncian acoso sexual en el peregrinaje a La Meca”. Leí el artículo. Lo leí como musulmana, como mujer, como feminista. No tengo pruebas de que haya pasado ni de que no haya sucedido, pero vuelvo a aplaudir cada #Metoo, cada acto de valentía, cada rechazo de una culpa impuesta, cada retirada de una justificación que no debía ser otorgada. Hay veces, principalmente cuando hablamos de convicciones, en el que tendemos a confundir lo que anhelamos con lo que tenemos, el mundo con el que soñamos con el mundo que tenemos, como deben ser los musulmanes con como son, como deben ser los hombres con como son, como debe ser el ser humano con como es. Pero, es nuestra responsabilidad llamar a las cosas por su nombre, de forma objetiva, sin tener en cuenta si nos gusta o no su significado o lo que este supone.

Acoso sexual en Meca”. Me duele escribirlo, me duele decirlo, me duele pensarlo. Me duele por lo que representa el lugar, por lo que representa el acto que ahí se realiza. Me duele por las millones de personas, mujeres y hombres que van año tras año, con un corazón entregado y lleno de fe. Me duele por las millones de personas que rezan día tras otro con el anhelo de poder pisar esa tierra, aunque sea una sola vez en sus vidas. Claro que duele, pero el dolor no se cura con la negación, el mal no deja de existir porque no queramos verlo, la única manera de acabar con él es haciéndole frente. 

¿Sabéis qué es lo que más me duele? Que por defender un lugar, hagamos daños a las víctimas, que nuestro foco de indignación y dolor no sea fruto del deplorable acto contra las musulmanas sino del lugar en el que ha sucedido. Me duele, que cuando mostramos nuestra indignación por  “Las musulmanas denuncian acoso sexual en el peregrinaje a La Meca”, sea por el lugar y no por las personas. He dicho que estoy orgullosa de ser musulmana y estoy convencida de que mi modelo a seguir, nuestro Profeta Muhammad ibn Abd Allah, hubiese sentido dolor por las víctimas del acto denunciado en la Meca, y no por el lugar en el que ha sucedido.

Recomiendo a los musulmanes en particular, y todos las personas en general, que se repasen un discurso, pronunciado por el profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), en el año 632 d.c., en Meca, el día de Arafa, y en el que nos dijo que: la vida, la propiedad, la intimidad y la dignidad de un ser humana es más sagrada que el lugar, el mes y el día en el que estaba hablando.

Hay que condenar y rechazar cualquier acto de maldad, de acoso, de violación, sin importar quién lo cometa, dónde o bajo qué condiciones. Dijo el Profeta Muhammad (P&B):

“Aquel de vosotros que vea un mal que lo cambie con sus manos (actuando), si no puede, con sus palabras (denunciándolo), y si no puede con su corazón, y ese es el grado más bajo de la fe” (Muslim). 

Finalmente, añadir que el culpable, el único culpable, es el que comete el acto reprobable, jamás la víctima. Cualquier ser humano debería comprender esta máxima sin necesidad de pruebas o justificaciones, y los musulmanes tienen como ejemplo, un hecho que sucedió delante del propio profeta Mohammad.

El Profeta (P&B), estaba con uno de sus compañeros, Al Fadl, en Meca, en época de peregrinación, cuando se le acercó una mujer para plantearle una duda. En ese momento el compañero del Profeta comenzó a mirarla, según cuenta la historia, atraído por su belleza. Cuando el Profeta (P&B) se percató de lo que sucedía “extendió la mano hacia atrás, cogió la barbilla de Al Fadl y giró su rostro hacia el otro lado para que no la mirase”. Vemos que en ningún momento el profeta culpó a la mujer de lo sucedido, sino al responsable, al culpable de la mirada, y fue a este a quien reprendió y corrigió. “Tenéis en el Mensajero de Dios un bello ejemplo” (Corán 33.21)


 

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