CULTURA | OCIO

Violencia en los estadios de fútbol

Si hay algo que caracteriza al fútbol, es que mueve pasiones. La victoria o la derrota de nuestro equipo supone un evento especial en nuestra agenda que pone los nervios de prácticamente toda la ciudad a flor de piel.

Violencia en los estadios de fútbol

Y es esa pasión la que nubla nuestra parte racional provocando que en los estadios y sobretodo a sus afueras ocurran auténticas salvajadas. Todos los equipos de fútbol tienen entre sus hinchas a los conocidos como ultras o según el término anglosajón Hooligans. Son grupos organizados cuya pasión por su equipo favorito conlleva cierto odio hacia su contrincante. Los ultras se citan unos a otros en las horas previas al partido para pelear, se trata de una cita acordada para descargar toda la rabia que se le tiene al equipo rival, independientemente del resultado que se obtendrá.

Si bien el fenómeno hooligan está en decadencia en los últimos años en nuestro país, y tanto los equipos que forman la Liga como el Ministerio del interior luchan para erradicar este tipo de radicalismos, los ultras han tenido algunos despuntes que han ido de la mano con la agenda política. En comparación con los años 90, que fue la época dorada para este fenómeno, y comparando también con otros países de Europa como Francia, Suiza o los Balcanes, los estadios españoles son lugares seguros donde se puede disfrutar del deporte sin mayor riesgo. La forma para llegar a este statu quo pacífico fue seguir los pasos de Reino Unido aprobando una ley severa que castiga este tipo de vandalismo con multas que ascienden hasta 10.000 euros. Aún así, el escenario hooligan y su filosofía siguen presentes en España y son todavía un problema.

El último episodio grave relacionado con los ultras, se vivió el pasado 22 de febrero con la muerte de un ertzaina en los altercados previos al partido entre el Athletic y el Spartak de Moscú. El agente de policía, de 50 años, sufrió una parada cardiorespiratoria que acabó con su vida en el hospital de Basurto de Bilbao donde fue trasladado después de desplomarse en la explanada del estadio. La muerte de Inocencio Arías García fue el punto final a unos altercados que llevaban produciéndose desde el lunes anterior en distintos puntos de la capital vasca.

El movimiento ultra, aunque se pueda controlar, no es un fenómeno fácil de erradicar, ya que se trata de una subcultura urbana con la que se identifican muchas personas. Para estos aficionados radicales, el fútbol no es más que un escenario donde se desarrolla un sentimiento de unión, pertenencia y adrenalina. Por lo tanto, su pervivencia depende de otros factores que están estrechamente ligados a la vida social del país. 

 

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